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Móviles, gliomas y espermatozoides

Jueves 13 de noviembre de 2008 · 1630 lecturas




Móviles, gliomas y espermatozoides

Manuel Portolés

Diversos acontecimientos ocurridos en las últimas semanas, justifican que volvamos sobre tema de las radiaciones electromagnéticas y la salud. Con más de 50 millones de teléfonos móviles en España y superándose en 2008 los 3.000 millones de usuarios en el planeta, la mitad de su población, es necesaria una revisión de las normativas de emisión de campos electromagnéticos y de la protección de la salud.
En 2001, publicó el BOE el Real Decreto1066 por el que se aprueba el «Reglamento que establece condiciones de protección del dominio público radioeléctrico, restricciones a las emisiones radioeléctricas y medidas de protección sanitaria», que contempla que «el Ministerio de Sanidad y Consumo adaptará al progreso científico el anexo II (límites de exposición a las emisiones radioeléctricas), teniendo en cuenta el principio de precaución y las evaluaciones realizadas por las organizaciones nacionales e internacionales competentes». Ausente del gobierno, también en la etapa socialista, esta preocupación, y más aún cuando Sanidad (con ministro científico) se ha desprendido de uno de sus buques insignias, el Instituto de Salud Carlos III, transferido al Ministerio de Ciencia, y teniendo la obligación de regular según indica el BOE, el gobierno, reitero, sigue sin decir ni mu en materia de protección sanitaria y campos electromagnéticos.
Sin embargo, ocho años son muchos en ciencia para permanecer mudos, y con la mirada hacia otro lado; al menos admitan que produce tortícolis. Ya en 2002, la International Agency for Research on Cancer (IARC) clasificó a los campos electromagnéticos de baja frecuencia (50 a 60 Hz) en el grupo 2B, es decir «posiblemente carcinogénicos en humanos». Desde entonces la radiación electromagnética en las ciudades (las estaciones bases emiten de 900 a 2.200 Mega Hz), bajo el lema todos interconectados en un mundo sin cables (aldea wifi-global), aumenta todos los días alcanzándose en algunos lugares más de 330 millones de veces el nivel de radiación que existía a finales de los años setenta.
El ADN se rompe
En 2004, conocimos los resultados del proyecto Reflex («Risk evaluation of potential environmental hazards from low-energy electromagnetic field exposure using sensitive ’in vitro’ methods»), financiado por la Unión Europea (3,15 millones de euros), que tras 52 meses de análisis en diferentes laboratorios encontraron que el ADN se rompe en las células humanas expuestas a radiofrecuencias; afectándose la expresión de genes y proteínas que participan en actividades vitales como diferenciación, proliferación y división celular. El proyecto se suspendió, y a los expertos no les pareció relevante el descubrimiento como para recomendar precaución en el uso de los teléfonos móviles, especialmente en los más jóvenes, todavía en fase de crecimiento.
No crean que los niveles de exposición del proyecto Reflex fueron muy elevados. Las neuronas, células endoteliales o fibroblastos, entre otras, se expusieron de manera intermitente (periodos de 5 minutos tras 10 de descanso) a 1.950 MHz (UMTS), durante 4, 8 y 24 horas. Y además de las roturas en el ADN, los núcleos de los fibroblastos expuestos a la radiación se fraccionan en micronúcleos hasta 40 veces más de lo que ocurre en los controles; también la tasa de aberraciones cromosómicas de estos fibroblastos calientes aumentó más de 12 veces. Los datos indican que la emisión de UMTS (3G) es potencialmente genotóxica.
Aumento de gliomas
En 2008, leemos en IARC los resultados del estudio «Interphone». Un proyecto internacional (Australia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Israel, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Suecia y Reino Unido; España no participó) que planteaba saber si la exposición a las radiofrecuencias de los teléfonos está asociada con el riesgo de sufrir un cáncer, especialmente en el cerebro de individuos de 30 a 59 años y que vengan utilizando el móvil desde 5 a 10 años atrás. En total se han analizado cerca de 4.000 gliomas, 2.500 meningiomas, 1.200 neuromas acústicos y más de 1.100 tumores de la glándula parótida.
La conclusión del estudio «Interphone» dice que este tipo de radiación de los teléfonos móviles es carcinógena (sustancia o agente que produce cáncer). Y es así porque aumenta los gliomas (cáncer generalmente cerebral, en las células gliales, y de pronóstico grave), tres veces más entre los usuarios de móvil con más de 10 años de conexión; la mitad de los diagnosticados anualmente con glioma sobreviven un año después, y tras dos años solo el 25 %. Los más amigos del móvil también han visto incrementar meningiomas y neuromas acústicos, tumores más benignos.
Móviles lejos de los bolsillos
Otros estudios recientes (2008) publicados en Fertility and Sterility, revista científica de la American Society for Reproductive Medicine, dicen que el uso del teléfono móvil disminuye en los varones la calidad del semen. En concreto, se reduce un 40 % el número de espermatozoides, disminuye su motilidad y viabilidad (un 35 %), así como el porcentaje de estas células con apariencia normal. El trabajo, realizado en la Cleveland Clinic Foundation (Ohio, EE.UU), dividió a los individuos en varios grupos, desde no usuarios del teléfono móvil, a personas que sobrepasaban las 4 horas al día de utilización. Los investigadores concluyen que el deterioro de la calidad del semen es dependiente del tiempo de exposición a la radiación microondas de la telefonía móvil, e independiente de la calidad inicial que tuviera el semen. Los mismos autores publican estos días un mayor grado de estrés oxidativo en el semen humano expuesto a las radiofrecuencias.
Además, existen una docena de estudios aparecidos desde el 2000, que junto a las alteraciones en calidad y forma que hemos comentado, añaden cambios en la estructura y citoesqueleto de los espermatozoides, en su ADN, así como mayor presencia de muerte celular, tras la exposición a la radiación de la telefonía móvil. Estos datos aconsejan a jóvenes y no tan jóvenes, todos en «edad de merecer», a no llevar el teléfono móvil todo el día en el bolsillo del pantalón; las microondas cosquillean los testículos y dañan los espermatozoides.
No es de extrañar pues, que en un mundo donde se habla de sociedad del conocimiento y de la omnipresencia de la ciencia y tecnología, alguien piense que un plan sobre el medio ambiente y la salud no es un sistema estático e inmóvil. Por ello, el Parlamento Europeo ha decidido hace unas semanas (522 votos a favor y 16 en contra) revisar el «Plan de Acción sobre el Medioambiente Europeo (2004 -2010)» y declarar (ref. INI/ 2007/2252) que los límites de exposición a los campos electromagnéticos establecidos para el público en general, están obsoletos, rancios y pretéritos; recomiendan a los gobiernos disminuirlos ya. Esperemos que esta vez sí se enteren en el Ministerio español, y digan algo más que un mu (gido). Que sus neuronas y demás células se frían bien.

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