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El Norte de Castilla, 31/1/2009

Cáncer: detección precoz versus prevención

Sábado 31 de enero de 2009 · 2440 lecturas




Cáncer: detección precoz versus prevención

31.01.2009 - ALFONSO BALMORI| BIÓLOGO

El pasado mes de diciembre la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) presentó la nueva edición del ’World Cancer Report’, cuya predicción es que el cáncer pasará a ocupar en el 2010 el primer lugar como causa de muerte de la población, superando incluso a las enfermedades cardíacas. Dicho informe indica que la incidencia del cáncer se duplicó entre 1975 y el 2000, y se estima que se duplicará de nuevo para el 2020, acercándose al triple en el 2030.
Actualmente se conocen bastante bien algunos de los factores promotores y desencadenantes del cáncer, sin embargo parece que los esfuerzos, en lugar de centrarse en educar a la población con campañas preventivas que eviten prácticas de riesgo o costumbres inadecuadas para impedir el desarrollo de la enfermedad, enfatizan casi en exclusiva todo lo relacionado con la detección precoz. La cuestión es que, cuando se detecta un tumor, el mal ya se ha producido y es necesario tomar medidas drásticas para su erradicación. La intención de los organismos oficiales es conseguir que el tumor pueda controlarse en sus primeras etapas, cuando su tratamiento puede ser más exitoso, pero la detección precoz no debería considerarse en sentido estricto una forma de prevención. Como ejemplo, a las mujeres se les anima a la autoexploración y a la realización de mamografías periódicamente, pero apenas se incide en que determinados hábitos o exposiciones profesionales pueden aumentar la probabilidad de padecer cáncer de mama.
Por otra parte, como medidas preventivas frente al cáncer, se recomienda el cuidado de la dieta, el control del tabaco, la reducción del consumo de alcohol y la necesidad de incrementar la actividad física, pero generalmente se olvidan los factores ambientales, con frecuencia decisivos en la génesis de la enfermedad. Dejando al margen algunos tumores originados por la predisposición genética de las personas o las infecciones virales, muchas veces se originan por las radiaciones (ionizantes y no ionizantes) a las que estamos expuestos diariamente, por los pesticidas que consumimos con las verduras, por los aditivos alimentarios cuyas secuelas sobre la salud de la población en muchos casos se desconocen y en general por los miles de productos químicos con los que entramos en contacto en la vida diaria.
Por eso me llaman la atención las declaraciones que ha realizado Sandrine Wittmann, bióloga molecular e investigadora del cáncer en el Centro Léon-Bérard de Lyon, en una entrevista publicada en el diario ’Le Progrès’ el 18 de diciembre. La doctora Wittmann afirma que en su centro de investigación, uno de los 20 existentes en Francia para la lucha contra el cáncer, han constatado desde hace diez años un aumento significativo del número de tumores de las glándulas salivares (que no están protegidas por los huesos craneales cuando se utiliza un teléfono móvil) y afectan a personas cada vez más jóvenes. Curiosamente dicho centro atiende en la actualidad a niños enfermos de leucemia que asistían a clase en una escuela de Lyon donde las antenas de telefonía han sido desmanteladas (similar a lo sucedido en el colegio García Quintana de Valladolid). Sandrine Wittmann afirma que la exposición crónica a las ondas de los móviles puede romper el ADN de las células y en consecuencia provocar cáncer, y que las antenas de telefonía constituyen una auténtica catástrofe para la salud pública porque permiten la acumulación de moléculas tóxicas en el cerebro y favorecen la aparición precoz de enfermedades como el Alzheimer y tumores cerebrales, además de un aumento sospechoso de leucemias en niños y otros problemas como dolores de cabeza y trastornos del sueño o de la memoria.
Este tipo de declaraciones no suelen obtener respuesta por parte de las autoridades sanitarias y el cuerpo médico, aunque la que lance la alerta sea una investigadora del cáncer del país vecino, que además habla de sucesos que conocemos muy bien en Valladolid. Resulta difícil de entender cómo los organismos oficiales siguen sin advertir a los padres de los riesgos de regalar un teléfono móvil a sus hijos menores de edad y cómo tampoco están tomando medidas para desmantelar las antenas de telefonía cercanas a los domicilios, centros escolares y lugares de trabajo (que indudablemente les están afectando a ellos y a sus familias y amigos también). Y la única explicación que se me ocurre es que tal vez puedan tener razón aquellos que afirman que el dinero manda. Pero no ocurre lo mismo en todas partes, el gobierno galo pretende prohibir la publicidad de móviles dirigida a menores de doce años y la venta a los que tienen menos de seis. Finlandia también ha recomendado reducir su uso por los niños.
Cuando la Asociación Española Contra el Cáncer y la Organización Mundial de la Salud empiecen a hablar con claridad de estos otros factores ambientales cancerígenos que se deben evitar a toda costa, aunque al hacerlo perjudiquen a sectores económicos muy poderosos, entonces comenzará la auténtica prevención del cáncer, se trabajará en la dirección correcta y quedará patente que existe una voluntad sincera de atajar esa evolución tan alarmante de la enfermedad que pende sobre uno de cada tres hombres y una de cada cinco mujeres españolas. Algún ingenuo pensará: bueno, de algo hay que morir. Pues la verdad es que, aunque de igual decirlo, puestos a elegir yo prefiero hacerlo rápido, de muerte natural y con muchos años cumplidos. ¡Salud para el año que comienza!

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