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El Norte de Castilla, 30/10/06

¿No se va a investigar más?

LUIS MARTÍN ARIAS/MÉDICO Y PROFESOR DE FARMACOLOGÍA. MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN DE PADRES DEL COLEGIO GARCÍA QUINTANA

Lunes 30 de octubre de 2006 · 1824 lecturas




El Norte de Castilla, 30/10/06

¿No se va a investigar más?

LUIS MARTÍN ARIAS/MÉDICO Y PROFESOR DE FARMACOLOGÍA. MIEMBRO DE LA ASOCIACIÓN DE PADRES DEL COLEGIO GARCÍA QUINTANA

CONVIENE no llamarse a engaño y reconocer, de entrada, que el estudio de casos y controles que acaba de concluir el Instituto Carlos III, por encargo de la Junta, si bien surgió como consecuencia del problema de López Gómez, 5, en ningún momento fue pensado como un instrumento que pudiera resolver el enigma del ’cluster’ o conglomerado que allí se dio, y cuya mayoría de casos -seis de los siete- se concentraron en prácticamente solo un año, en torno al 2001: es decir mientras estuvieron funcionando a pleno rendimiento 60 antenas de telefonía a menos de 50 metros del colegio García Quintana y en un zona donde vive y trabaja bastante gente. Esta ha sido, hasta hoy, la mayor concentración de antenas documentada en todo el mundo (y si no es así, por favor, que venga alguien y demuestre lo contrario: solo recuerdo un caso parecido, hace años, en Australia, pero allí eran poco más de veinte).

Y es que no es lo mismo estudiar los problemas que pueden estar asociados a una sola antena, aislada, que los que puedan ocurrir en concentraciones, yo diría que bestiales, del tipo de la que padecimos en López Gómez, 5. Hay que estudiarlo todo, evidentemente, y algún día (pese a quien pese, es decir a contrapelo de los enormes intereses económicos que hay en juego) se tendrá que documentar bien el riesgo asociado a los campos electromagnéticos (CEM), procedentes de cualquier fuente de emisión, pero cada problema concreto requiere un método adecuado y acorde al mismo.

Pues bien, el estudio observacional que nos ocupa ha sido hecho a demanda de la Junta, y a la medida de sus intereses: de entrada, el representante de los padres, médico y epidemiólogo, fue excluido, yo diría que de manera ilegal, contraviniendo lo dispuesto anteriormente por la propia Junta, del diseño de la investigación, la cual ha considerado como referencia las 599 antenas de la provincia de Valladolid (según datos publicados en este periódico), además de no sabemos cuántas ’empresas contaminantes’. Esto supone una enorme dispersión de los probables focos causales, sobre todo si tenemos en cuenta que en la provincia hay una media anual de únicamente cuatro casos de cáncer hematológico en niños (que debería haber sido, si no el principal problema que se debía estudiar, al menos uno de los fundamentales, dadas las características del caso en sí y porque en tumores hematológicos del adulto no hay tantas referencias que los relacionen con los CEM). La consecuencia es que, frente a los 981 casos en adultos, se han recogido solo 49 casos en niños: una muestra muy pequeña para tanta antena aislada. Cualquiera puede deducir que a partir de ahí es muy difícil establecer una relación estadísticamente significativa.

En definitiva, no dudo de que sea un trabajo impecable y bien realizado, siempre en función de sus objetivos iniciales, claro, los cuales insisto nada tienen que ver con el ’caso García Quintana’. De hecho, y supongo que para sorpresa -y no es para menos- de los ciudadanos atentos a estos asuntos, el tristemente famoso conglomerado ni siquiera ha sido observado, dado que se han estudiado los casos en función de la exposición residencial (el domicilio), y no de la escolar. Tampoco se ha podido ni siquiera describir el posible aumento en la incidencia de todos los tipos de tumores en la zona, ya que se ha considerado exclusivamente el cáncer hematológico y, además, en la provincia de Valladolid. Sin embargo, y por eso hablo de siete casos documentados en el ’cluster’, hubo uno dermatológico, de probable exposición laboral, en una mujer cuyo puesto de trabajo daba directamente al lateral de López Gómez, 5, y cuya historia clínica se depositó en su día en el juzgado. Por lo cual, persiste la sospecha, nunca estudiada (¿por qué?) de un probable exceso en la incidencia, por encima de lo previsible, en tumores de todo tipo, entre los vecinos de la zona durante aquella época.

Se ha descartado una posible causa vírica, tras los análisis serológicos en muestras tomadas de los niños del colegio; se han descartado el gas radón, el agua, así como los contaminantes atmosféricos, físicos o químicos, tras el completo estudio medioambiental realizado en el García Quintana, que es probablemente el colegio más estudiado en este sentido de España. Sin embargo, queda la sensación de que no ha habido interés en estudiar la posible relación entre el ’cluster’ y aquella concentración de antenas. Sobre todo llama la atención que no se haya querido hacer un mapa de incidencia de todo tipo de casos de cáncer (que comprendería las tres posibles exposiciones: laboral, escolar y residencial), tomando como referencia el edificio de López Gómez, 5, como recomendó un perito judicial (médico epidemiólogo con años de experiencia). Es un estudio rápido, sencillo y barato; como lo demuestra el hecho de que 13 alumnos de un colegio de Gijón realizaran en el 2005, dirigidos por su profesor de Física y Química y como trabajo fin de curso, un mapa de esas características en la ciudad asturiana, con el resultado de que se observaban acúmulos de casos en torno a las mayores concentraciones de antenas. ¿Lo pueden hacer unos niños y no lo pueden hacer las autoridades sanitarias de la Junta y del Gobierno central? Porque, todo hay que decirlo, también es casualidad que, en tiempos de crispación, prácticamente este sea el único asunto en el que ambas parecen estar de acuerdo: en que no se investigue más.

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