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Asociación Vallisoletana de Afectad@s por las Antenas de Telecomunicaciones - AVAATE

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La Incertidumbre.

Incertidumbre y negocio, dos ideas unidas para un mismo fin

Martes 29 de noviembre de 2005 · 1828 lecturas



El miedo es libre. Es producto de un cúmulo de sensaciones personales al que, desde el exterior, se le puede ayudar a crecer a base de amenazas, coacciones, insultos, o agresiones de todo tipo. Es algo intangible, y en muchas ocasiones, difícil de explicar, incluso puede ser irracional.La incertidumbre, como el miedo, también es una sensación personal, pero tiene componentes que nada tienen que ver. La incertidumbre tiene una gran dosis de análisis de la realidad, de estudio del mundo que nos rodea, y de búsqueda de explicaciones.

LA INCERTIDUMBRE. El miedo es libre. Es producto de un cúmulo de sensaciones personales al que, desde el exterior, se le puede ayudar a crecer a base de amenazas, coacciones, insultos, o agresiones de todo tipo. Es algo intangible, y en muchas ocasiones, difícil de explicar, incluso puede ser irracional.

La incertidumbre, como el miedo, también es una sensación personal, pero tiene componentes que nada tienen que ver. La incertidumbre tiene una gran dosis de análisis de la realidad, de estudio del mundo que nos rodea, y de búsqueda de explicaciones. Es producto de un proceso que pasa de la observación al estudio, para seguir con el análisis y la reflexión, y terminar con las conclusiones. A diferencia del miedo, la incertidumbre parte de una realidad y se interioriza de tal forma que lleva a la persona, o personas, que lo sufren a experimentar sensaciones tan extrańas como creer en que le están engańando, cambiar sus hábitos de consumo, o luchar por causas más o menos justas. Eso es lo que sucedió en su día, por ejemplo, con el tabaco, o ahora sucede con los transgénicos, o la contaminación electromagnética.

Crear incertidumbre es relativamente fácil, y muy útil si se sabe usar bien. Basta con crear un estado de opinión no unánime artificialmente. Hacer pensar que no hay nada demostrado, y lanzar mensajes que lejos de promover la precaución, aseguren tajantemente que podemos estar tranquilos, mientras científicos no financiados por la industria, y otros colectivos, promueven y defienden todo lo contrario.

En estos casos la incertidumbre es usada por las dos partes, eso sí, con objetivos muy diferentes. Unos toman la incertidumbre como el fundamento de la precaución, con una axioma tan sencillo de entender, cómo difícil de aplicar en un mundo rodeado de intereses políticos y económicos: “Ante la duda, precaución”. Otros la utilizan a su antojo, e incluso llegan a negarla a pesar de los cientos de opiniones contrapuestas, y consiguen con ello algo tan complicado de obtener, como sencillo de convertir en dinero: “Tiempo”.

Mientras se mantiene la incertidumbre se gana tiempo, y ese tiempo es materializado en dinero a través de un proceso productivo que determinados “lobbies” dominan a la perfección. Se lanza un mensaje, se publicita, se propaga por un determinado territorio, se le da apariencia de oficialidad, y mientras tanto, se sigue desarrollando la actividad supuestamente nociva, y por supuesto, cobrando puntualmente por el servicio prestado. Se pasa por encima de todo, porque lo importante es seguir haciendo caja, y da igual el futuro. Sólo vale el presente, y el beneficio que reporta; para las empresas, el dinero, y para algunas autoridades, intereses políticos indudables. Se enarbola la bandera del desarrollo tecnológico, y con eso es suficiente para aprovechar la incertidumbre y desbancar a la salud a un segundo plano.

Así está montado este circo, y por suerte queda gente que no está dispuesta a permitirlo porque para ellos no hay incertidumbre, sino la certeza de que cuando la salud está en juego cualquier medida de prevención es poca. La responsabilidad que asumirán en el futuro si se equivocan, la de pedir disculpas por las molestias causadas. La responsabilidad que asumirán quienes usan la incertidumbre en su propio beneficio, probablemente ninguna, porque tratarán de que la incertidumbre no termine nunca, siguiendo siempre el mismo proceso. Un proceso que les dará tiempo, dinero, y una excusa perfecta para esquivar la responsabilidad por las muertes y enfermedades que se pudieran causar.

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