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Electrosensibilidad, perder la salud cuando hay conexión a la red

Jueves 17 de septiembre de 2015 · 476 lecturas

Electrosensibilidad, perder la salud cuando hay conexión a la red
JOAQUÍN SOTO MEDINA/ESTHER ARMORA / MADRID/BARCELONA
Día 13/09/2015 - 01.55h
Francia reconoce por primera vez a una mujer el derecho a recibir pensión por ser «alérgica» a la radiación electromagnética de la tecnología
Electrosensibilidad, perder la salud cuando hay conexión a la red
ABC
Minerva Palomar se refugia en su tienda de campaña, hecha con materiales que repelen la radiación electromagnética
La población ha tenido que pagar un precio para estar conectada a internet. El problema es que no es el mismo para todo el mundo. Unos lo han pagado con dinero y otros con su propia salud. Esta es la realidad que viven, aproximadamente, un 10% de la población mundial, al ser especialmente sensibles a la radiación electromagnética no ionizante que emiten las placas de la vitrocerámica, nuestros móviles y las antenas de telefonía.

El «mal» tiene un nombre: hipersensibilidad electromagnética. Una enfermedad, no reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero sí un trastorno admitido como causa de baja laboral en Suecia y recientemente también en Francia. Un Tribunal de Justicia de Toulouse acaba de reconocer a una mujer su derecho a una pensión de 800 euros mensuales por considerarla víctima de un «síndrome de hipersensibilidad a las ondas electromagnéticas».

En España también han salido a la luz casos de afectados por electrosensibilidad. Uno de ellos es el de Minerva Palomar, quien padece además sensibilidad extrema a productos químicos, fatiga crónica y fibromialgia, una enfermedad crónica caracterizada por dolor músculo-esquelético generalizado. Sus múltiples patologías le valieron en 2011 la incapacidad laboral permanente y el derecho a recibir una pensión.

Su voz es tenue al teléfono, casi un susurro, y hace largas pausas entre frases. Acaba de llegar a su piso tras pasar un mes fuera y se ha encontrado con que sus vecinos disponen ahora de wifi. Esto le obliga a hablar tumbada desde la tienda de campaña que ha montado en su cama, recubierta con telas que rebotan las radiaciones electromagnéticas emitidas por los aparatos de sus vecinos. Durante su conversación con ABC reconoce sentir el latido de su corazón por todo su cuerpo, presión en la cabeza y un dolor agudo en la nuca.

La exposición prolongada a las ondas «despiertan» los síntomas y amplifican sus otras patologías. «Es muy curioso que cuando estoy poco expuesta todas estas dolencias se reducen mucho», explica.

Los primeros síntomas de su enfermedad aparecieron a finales de 1996 , y desde entonces, ha tenido que aprender a convivir con su enfermedad. «Me he adaptado a mi situación, intento que mi vida tenga sentido a pesar de todas las cosas a las que he tenido que renunciar: era aficionada al teatro, ahora ya no puedo ir».

El «mal» se expande
Casos como el de Minerva Palomar se han disparado en los últimos 15 años coincidiendo con la generalización del uso de las nuevas tecnologías, según afirma en declaraciones a ABC el doctor Joaquim Fernández Solà, médico internista del Hospital Clínic de Barcelona que lleva décadas estudiando esta afectación. «Hace años veía un enfermo al mes; ahora cinco al día», apunta el experto.

«La OMS no la reconoce como enfermedad pero está sobradamente demostrado que puede llegar a limitar severamente el día a día de quienes la sufren y tiene dificil solución porque pasa por evitar la exposición a las radiaciones, algo que mucha gente no puede permitirse», asegura el facultativo.

Pese a esta realidad, el médico catalán denuncia la falta de sensibilidad de las autoridades sanitarias hacia esta nueva patología y reclama más formación para los médicos de atención primaria, necesaria para que sea posible detectar el trastorno. El médico atribuye a «intereses económicos» la pasividad de las autoridades sanitarias hacia el problema. «Está claro que a los gobiernos les interesa estar bien con las grandes empresas tecnológicas», añade.

Sin una ley que los proteja
Una opinión que refrenda Raúl de la Rosa, responsable del área de contaminación electromagnética de la Fundación Vivo Sano. Afirma que, mientras que unos defienden un negocio, «la ciencia defiende, en su gran mayoría, la realidad de los efectos biológicos que producen estas radiaciones».

Unos efectos de los que son conscientes los vecinos de Minerva Palomar. «Habían hecho grandes esfuerzos por no tener cosas inalámbricas pero ahora han decidido que no pueden vivir sin wifi. Pero siguen su camino sin tener en cuenta que lo que ellos ponen en su casa entra en la mía aunque yo no tengo ningún derecho para reivindicarlo porque no tengo una ley que me proteja. Esa es la realidad».

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