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Discrepancias en el seno de la Agencia de Salud de los Estados Unidos sobre las recomendaciones para el uso de los móviles

Viernes 8 de enero de 2016 · 1358 lecturas

Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (C.D.C.) son una de las principales organizaciones de la Agencia de Salud de los Estados Unidos. En junio de 2014, tal y como se recoge en la página web (http://www.cdc.gov/nceh/radiation/cell_phones._faq.html), los C.D.C. actualizaron la información que tenían en su página web sobre las precauciones a adoptar respecto del uso de los teléfonos móviles, como parte de sus esfuerzos para garantizar las mejores prácticas en la información para la salud del público en general. Como consecuencia de dichas revisiones, algunos visitantes de la web creyeron que la posición de los C.D.C respecto del uso de los teléfonos móviles había cambiado.
En un reportaje de Danny Hakim publicado en enero de 2016 por el periódico New York Times, titulado “At C.D.C., a Debate Behind Recommendations on Cellphone Risk” se trata este tema.
En dicho artículo el autor cuenta cómo cuando los C.D.C. publicaron 18 meses antes una nueva Guía recordando los riesgos sobre la radiación de los teléfonos móviles, se utilizó un lenguaje inusualmente nuevo sobre el tema para la Agencia de Salud estadounidense: «Se recomienda precaución en el uso del teléfono móvil.»
El mismo sitio web de la Agencia había dicho en ocasiones anteriores sobre este tema que era un riesgo como otros muchos que se asumen a lo largo de la vida diaria. Sin embargo, a las pocas semanas de publicar dicha Guía, se eliminaron las recomendaciones de precaución y se eliminó un apartado destinado a abordar específicamente los riesgos potenciales para los niños de los teléfonos móviles.
Aunque “oficialmente” la mayoría de los científicos sostienen que la evidencia de los riesgos de los teléfonos móviles sobre la salud es pequeña o inexistente, sin embargo las más de 500 páginas de documentos internos de la Agencia obtenidos por el “New York Times”, además de entrevistas realizadas a exfuncionarios de la Agencia, revelan un debate y cierto desacuerdo entre los científicos de las orientaciones que deben darse sobre este tema.
Aunque los cambios publicados en 2014 en la web de los C.D.C. habían sido elaborados después de tres años de debates, los trabajadores de la Agencia se dieron cuenta rápidamente de que dichos cambios parecían plantear una nueva política pública sobre este tema. Incluso hubo un funcionario de la Agencia que llegó a plantear la cuestión de las posibles responsabilidades por permitir los teléfonos móviles en las Escuelas.
Los correos electrónicos entre miembros de la Agencia a los que ha tenido acceso el “New York Times” desvelan cómo para algunos era conveniente introducir esos cambios en base a las propuestas planteadas en otros países, como Gran Bretaña o Canadá. Otros proponían acudir a las recomendaciones de países como Finlandia, Israel o Austria. Finalmente, ningún país fue mencionado.
Bernardette Burden , la portavoz de la C.D.C., señaló en un comunicado que los cambios originales realizados en junio de 2014 se derivaron del esfuerzo por hacer más fácil de entender para el público la información sobre salud, pero no por cambios en la política de la Agencia.
El doctor Christopher J. Portier, que fue director del Centro Nacional de Salud Ambiental, la división del C.D.C. que se encargó de los cambios, se opuso a retirar la revisión que se había realizado en 2014. Reconoce que hubiera sido útil la recomendación para que los padres valoren cuidadosamente si sus hijos necesitan o no un teléfono móvil, puesto que había suficientes indicios de que se debía ser muy cautos con los posibles riesgos de los teléfonos móviles.
El doctor Portier, que también había trabajado en la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (Organización que clasificó en mayo de 2011 las radiofrecuencias de los teléfonos celulares como posibles carcinógenos), comentó que a él le interesó hacer una revisión de la guía de los CDC como consecuencia de dicha clasificación.
La opinión del Dr. Portier no es compartida por otros muchos expertos. A pesar de que durante varias décadas se han producido algunas reclamaciones en relación con la producción de cáncer por el uso de los teléfonos celulares, la mayoría de las organizaciones estadounidenses reproducen la opinión de la Comisión Federal de Comunicaciones, que señala que la energía de radiofrecuencia no está vinculada con problemas conocidos de salud. John D. Boice Jr., presidente del Consejo Nacional de Protección y Medidas Radiológicas, dijo que en base a sus propias investigaciones no había encontrado «ninguna evidencia de asociación con tumores cerebrales u otros tipos de cáncer».
En sentido contrario, la Agencia Europea de Medio Ambiente, al igual que algunos otros científicos u organismos en Europa, muestran un tono más cauteloso que las agencias estadounidenses. «La opinión científica está dividida sobre el tema. Muchos estudios diferentes han llegado a conclusiones diferentes sobre la base de las mismas pruebas», dice la Agencia europea, que aboga por un enfoque de precaución para la formulación de políticas en esta área.
En cuanto a los niños, la Agencia Europea señala que hay suficiente evidencia de riesgos para advertir a las personas, especialmente los niños, de que no coloquen el auricular sobre sus cabezas.
Por su parte la industria estadounidense rechaza las preocupaciones sobre la salud por el uso de los teléfonos móviles. Cuando en Berkeley (California) se aprobó en la primavera pasada una Ordenanza que obligaba a que los minoristas advirtieran a los clientes que la radiación emitida por los teléfonos celulares podría ser peligrosa, la “Wireless Association”, un grupo con intereses en el sector de los teléfonos móviles, presentó una demanda (actualmente pendiente de resolver) contra la misma diciendo que dicha Ordenanza era alarmista y científicamente infundada. Añadía además que el Gobierno Federal estadounidense había determinado que los teléfonos móviles aprobados para la venta en los Estados Unidos eran seguros para todos.
El estudio citado con más frecuencia sobre los riesgos de la telefonía móvil es Interphone, una revisión multinacional publicada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud en 2010. Interphone encontró «indicios de un mayor riesgo de glioma», un tipo de tumor cerebral, entre el 10 por ciento de mayores usuarios de teléfonos móviles, aunque los investigadores concluyeron que los sesgos y errores limitaban la fuerza de dichas conclusiones y evitaban hacer una interpretación causal.
La doctora Elisabeth Cardis, investigadora principal del estudio Interphone, dijo en una entrevista: «Yo no puedo decir con certeza que hay un efecto, pero tampoco puedo decir con certeza que no lo hay»
Sin embargo, las tasas de uso de los teléfonos móviles estudiadas en el Interphone eran muy inferiores a las que se producen ahora ahora, dijo Cardis. La media del tiempo de llamada de cada individuo en el estudio Interphone fue de dos a dos horas y media al mes. Sin embargo, un estudio realizado por Nielsen en 2014 encontró que los estadounidenses utilizan los teléfonos inteligentes más de 34 horas al mes, como promedio, aunque con más frecuencia para los juegos o los medios de comunicación social que para las comunicaciones.
La doctora Cardis está ahora dirigiendo un estudio financiado por un importante gobierno de Europa sobre los riesgos potenciales del uso del teléfono móvil entre los niños. Ella utiliza un teléfono móvil al igual que sus hijos, aunque señala que lo prudente es utilizar auriculares o altavoz, o el texto, en lugar de mantener el dispositivo cerca de los oídos. Si hay un riesgo, señala, es probable que sea mayor para las exposiciones en las edades más jóvenes, simplemente porque el cráneo y las orejas son más delgados en los niños que en los adultos. En este sentido el teléfono está más cerca de su cerebro.
El proceso de selección de las directrices revisadas de los C.D.C. publicadas en junio 2014 incluyó a un experto externo, James M. Smith, ex jefe de la Subdivisión de Estudios de radiación. Él dijo que no tenía intención de sugerir un cambio de política, ya que no había ningún dato que lo avalase. Para él fue sólo una mala elección de palabras.
Las nuevas directrices no fueron objeto de observaciones hasta varias semanas después de que se publicaran por primera vez. El cambio despertó la alarma dentro de la Agencia, así como las preocupaciones de algunos expertos externos. Un funcionario del Departamento de Salud de Vermont envió una carta que había recibido preguntando sobre la responsabilidad jurídica del Estado por permitir la tecnología inalámbrica en las escuelas públicas y bibliotecas.
Dentro de los C.D.C., los funcionarios comenzaron a retractarse. A través de correo electrónico, Robert C. Whitcomb Jr., jefe de la Subdivisión de Estudios de radiación, comentó a sus colegas de otros Organismos y Universidades que las nuevas directrices no eran una política oficial.
Otro representante de los C.D.C. dijo que había sido «un momento de aprendizaje», mientras que un tercio afirmaron que tenían un complejo de culpa increíble por su papel en las directrices publicadas en junio de 2014.
El Dr. Portier, que dejó el C.D.C. en 2013, lo ve de otra manera: «Hubiera sido feliz con la revisión original» (la que finalmente se retiró), dijo.
Hoy en día, las directrices de la Agencia incluyen una explicación en una barra lateral que advierten que fueron cambiadas, y que luego cambiaron de nuevo. «Durante este proceso, las revisiones que se introdujeron llevaron inadvertidamente a algunos visitantes de la página Web a creer que se había producido un cambio de posición.»
Según las directrices que finalmente aparecen publicadas por la Agencia, “algunas Organizaciones recomiendan precaución en el uso de los teléfonos móviles", pero el C.D.C. no es una de ellas.

Enlace a Microwave News

Enlace a la noticia del New York Times

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