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El Universo, 17/6/07

Ecuador: Moradores dicen sentirse afectados por antenas

Domingo 17 de junio de 2007 · 2494 lecturas

El Universo, 17/6/07

Ecuador: Moradores dicen sentirse afectados por antenas

QUITO. Moradores de la ciudadela Rumińahui no están conformes por una antena en el sector.

Junio 17, 2007

“Mi hermana utiliza un aparato auditivo desde pequeńa. Ella tiene 65 ańos y es agredida en su propio hogar. Siente un ruido como una avispa cuando se acerca a los ventanales, cercanos a la antena de telefonía celular”, relata Esperanza Orozco, que reside en las calles Portoviejo y Versalles, de Quito. Al lado de su casa, en el 2003, se instalaron seis antenas. Desde entonces explica, “no se puede dormir, tenemos dolor de cabeza, cansancio”.

Su hermana, comenta, “dejó de usar el aparato en la casa, solo lo hace cuando sale del departamento. Esto es una agresión porque necesita su aparato”.

Alfonso Andrade, vecino de La Concepción, también en Quito, dice que su médico ya le ha advertido que la radio base con ocho antenas que está atrás de su casa le causa interferencias con el marcapasos que usa.

Debido a que las antenas emiten ondas electromagnéticas causan interferencias en implantes electrónicos como marcapasos y audífonos.

Los estudios médicos y científicos sobre la exposición a radiaciones electromagnéticas realizados por diversas instituciones privadas y universidades sobre todo europeas, no coinciden. Mientras unos dicen que su influencia es inocua para la salud otros afirman que pueden provocar diferentes afecciones como pesadez, dolores de cabeza, insomnio, estrés, depresiones. También seńalan que pueden aparecer síntomas más graves, como la posibilidad de desarrollar tumores cerebrales y cáncer.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su último informe del 2006 seńala que “teniendo en cuenta los muy bajos niveles de exposición y los resultados de investigaciones reunidos hasta el momento, no hay ninguna prueba científica convincente de que las débiles seńales de RF (radiofrecuencia) procedentes de las estaciones de base y de las redes inalámbricas tengan efectos adversos a la salud”. En su informe la OMS dice que sin embargo, seguirá fomentando las investigaciones sobre las afectaciones que se pueden derivar del uso del teléfono celular.

En tanto, mientras el número de antenas crece vertiginosamente en las terrazas de casas y edificios, aumentan también la intranquilidad, el miedo, la desconfianza y oposición de ciudadanos preocupados por los posibles efectos para la salud.

Hace ocho ańos, cuando al lado de su casa instalaron una radiobase con ocho antenas, Mauricio Medina pensó que iba a ser beneficioso para su barrio (La Concepción, en Quito) porque la operadora de ese equipo puso guardianía permanente. Pero su profesión de médico y catedrático lo llevaron a investigar el tema de las radiaciones, “porque de repente en mi familia comenzamos a tener problemas de sueńo, cansancio sin razón, unos nińos vecinos estaban siempre enfermos, así como otra gente del barrio”.

Medina, seguro de que la causa eran las radiaciones de las antenas, comenzó “una batalla” de tres ańos para que el Municipio diera la orden de sacar la radiobase. En efecto consiguió la orden, pero la antena sigue al lado de su casa.

También en Quito, en la calle Tufińo de la ciudadela Rumińahui, María de Álvarez se encuentra casi postrada con problemas de oído y fue, según su esposo Wilson Álvarez, desde que se instaló una antena de telefonía móvil junto a su casa, a cinco metros del dormitorio. “Los médicos y neuropsiquiatras que la atienden no encontraron ningún dańo físico para las dolencias, con seguridad se trata de la influencia de esas antenas me dijo uno de los doctores”, expresa.

En todos estos casos, los vecinos afectados han conseguido la orden de derrocamiento de las antenas, estas siguen ahí. “Todos se lanzan la pelotita y nadie ejecuta la disposición de derrocar la antena”, dice un morador.

Los casos se multiplican en la ciudad. Los vecinos del sector de la Floresta en el norte de Quito se organizaron para exigir al Municipio, pero sin respuesta alguna, que no se instalen las antenas de telefonía celular de manera indiscriminada y sin consultar a la comunidad.

En Guayaquil, las quejas de los usuarios que se consideran afectados no llegan lejos. Según registros de la Defensoría del Pueblo, en los dos últimos ańos solo se abrió un expediente por esta causa.

En octubre pasado, Susana Llivisaca Contreras decidió acudir ante el organismo de defensa de los derechos ciudadanos con el objetivo de lograr que se retire la antena colocada en su vecindario (en la ciudadela Martha de Roldós), pues está convencida de que el funcionamiento de ese sistema afecta la salud. Nueve meses después de iniciada la causa, se muestra decepcionada. “Es difícil luchar sola”, refiere, antes de explicar que a pesar de recoger más de 100 firmas de respaldo y hablar con representantes de la operadora, no consiguió su propósito. “Al principio los vecinos estaban unidos, pero luego dejaron de mostrar interés”, comenta.

Otras personas que no aprueban la colocación de las antenas prefieren no “agrandar las cosas”. “Usted cree que un morador común y corriente puede hacer algo en contra de una empresa grande”, dice Martha Macías, quien vive en la ciudadela Nueve de Octubre, en el sur, donde hay varias radiobases.

En cambio, Noemí Mora, residente del barrio Cuba, está satisfecha con el alquiler de la terraza de su casa, por $ 350 mensuales, a una operadora por instalar una radiobase.

Mora cree que la radiobase no afecta a nadie, porque así se lo aseguró la operadora.

El canon de arriendo para instalar una radiobase depende de la plusvalía del lugar, y aunque las operadoras no dan cifras, este va de $ 100 a $ 4.000.

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