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Primavera silenciosa

Domingo 29 de marzo de 2020 · 820 lecturas



Primavera silenciosa
«El secreto más importante para superar la infección está por tanto en favorecer nuestras defensas y en evitar en lo posible los factores que las echan a perder»

Artículo publicado en la edición digital de El Norte de Castilla, el Domingo, 29 marzo de 2020

https://www.elnortedecastilla.es/opinion/primavera-silenciosa-20200329203132-nt.html

Alfonso Balmori, biólogo

Ha empezado una primavera extraña, confinada, silenciosa, como en el conocido libro de Rachel Carson. Después de muchos años, en el campo se percibe el paisaje sonoro sin el zumbido sordo de las carreteras. Al atardecer tras la lluvia, se escuchan coros de sapos corredores y de espuelas en las charcas, ásperos ladridos de corzos, grillo-topos, las campanas de una iglesia lejana… Es el admirable silencio’bullicioso’ de la naturaleza.

Pero estos días la primavera silenciosa vuelve por otros motivos; el ente más pequeño, del que muchos aún discuten su consideración como ser vivo, doblega al más poderoso y presuntuoso. Un duro golpe para la arrogancia humana y una lección de humildad para nuestra especie, que se sentía invulnerable, muy superior a la naturaleza a la que dominaba sin problemas. Este peligroso agente infeccioso empezó echando a perder el Mobile World Congress y ha terminado confinando, con encomiable y cívica obediencia, a todos en nuestras casas.

Echando mano de un símil hidrológico, lo que se está intentando estos días es «laminar la avenida», para no saturar el sistema sanitario y poder salvar al mayor número posible de personas que necesiten el ingreso hospitalario, y esto parece que lo ha aprendido incluso el bravucón Boris Johnson.

Y como antes o después todos tendremos que vernos las caras con él, porque los virus se comportan así, debemos estar preparados para esta modalidad de guerra sirviéndonos de nuestro propio armamento, que son nuestras defensas. Necesitamos algo tan íntimo e importante como un sistema inmune poderoso, que pueda hacer frente al invasor. Tal vez habría sido útil advertir sobre este aspecto de la protección personal, que está dentro de cada uno y depende de cada cual, y es probablemente tan importante o más que la protección externa con guantes o mascarilla, de los que tanto se ha hablado.

A partir del momento en el que el SARS-CoV-2 penetra en nuestro organismo, comienza una lucha muy personal, en la que las únicas armas disponibles son esas defensas naturales, fortalecidas o debilitadas durante años. Por eso es tan importante estar preparados para lo que pueda llegar. Y esto es de especial trascendencia si el sistema inmunológico está envejecido, como ocurre en las personas de edad avanzada y con patologías previas.

Si bien la pandemia actual de «COVID-19» causa enfermedad y muerte entre los seres humanos de todo el mundo, los animales rara vez se ven afectados. Pueden portar el virus, pero no desarrollan una enfermedad mortal. El metabolismo humano se distingue esencialmente del de esos animales por su incapacidad para sintetizar vitamina C, que debemos ingerir con las frutas y verduras, mientras que la mayoría de los animales producen esta vitamina en grandes cantidades.

La ausencia de la actividad enzimática que cataliza el paso terminal de la biosíntesis del ácido ascórbico en el hígado, es la razón por la cual primates y cobayas pueden padecer el escorbuto. Se trata de un posible error evolutivo innato de nuestro metabolismo que nos impide sintetizar este poderoso aliado de las defensas naturales, o bien podría tratarse de una adquisición conseguida por otros mamíferos no primates.

Tampoco nos han advertido de la importancia de alejarnos de los factores que debilitan este sistema defensivo natural, como el cóctel de productos químicos y de radiaciones que nos rodean, fundamentalmente durante los últimos 20 años. Está claro que el 5-G no ha sido el origen del virus, como se ha propagado de modo alarmista en las redes sociales, pero existe una evidencia científica clara de que la propagación de virus se acelera por la radiación electromagnética, que podría estar actuando como una especie de colaboradora de la pandemia del Coronavirus.

La investigación sobre el efecto de las ondas de radio sobre el sistema inmunitario se ha realizado desde mucho tiempo antes de esta crisis. La exposición a esta radiación a largo plazo perjudica el sistema inmunológico. Se sabe además que esta radiación acelera la replicación viral, porque abre los canales de calcio de las células, y porque un excesivo nivel de iones de calcio dentro de las células acelera la replicación viral y por tanto la letalidad de la infección vírica, como han demostrado muy recientemente investigadores chinos en la revista «Virology» para un tipo de coronavirus, pariente muy cercano del que causa la pandemia actual.

Por ese motivo, es recomendable evitar en la medida de lo posible los químicos y las radiaciones electromagnéticas, en particular los teléfonos móviles, que incrementan la contaminación por radiación del usuario y del público y utilizar preferentemente el cable para la comunicación telefónica y la fibra óptica para Internet, durante el confinamiento en nuestras casas. El secreto más importante para superar la infección está por tanto en favorecer nuestras defensas y en evitar en lo posible los factores que las echan a perder.

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