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Asociación Vallisoletana de Afectad@s por las Antenas de Telecomunicaciones - AVAATE

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Antenas de telefonía ¡camufladas!

Viernes 19 de junio de 2009 · 2523 lecturas

Antenas de telefonía ¡camufladas!

Las compańías de móviles esconden cada vez más los repetidores para evitar la oposición vecinal a esos aparatos que nadie quiere cerca por sus posibles efectos sobre la salud. Por Rafael Carrasco.
Un vistazo al paisaje de nuestras ciudades nos muestra una marańa de antenas que tiene mucho que ver con la popularización del teléfono móvil o la red de internet sin cables. En los últimos ańos, la eclosión de los móviles UMTS está disparando el número de repetidores -nadie sabe cuántos- y con ello, la contaminación electromagnética. Semejante despliegue choca, sin embargo, con el creciente rechazo social a clavar en los tejados y azoteas tecnologías que pueden dańar la salud de las personas. Y pese a todo, la instalación masiva sigue su curso. ¿Cómo? Con una estrategia sibilina que consiste en convencer a los vecinos de la comunidad donde se instalan sus aparatos y camuflar la estación-base con un amplio repertorio de disfraces para que las demás comunidades no sepan siquiera el peligro que tienen a escasos metros de su vivienda. Así, ojos que no ven... Pero las asociaciones vecinales y las organizaciones ecologistas ya se han puesto en marcha y están aprendiendo electrónica para descubrir este nuevo y oculto peligro para nuestra salud que son las antenas camufladas.
Desde que comenzó el despliegue de la telefonía UMTS o de tercera generación -que permite la recepción de internet o televisión en la pantalla del terminal, pero que exige una seńal mucho más limpia-, se supone que hemos pasado de las 30.000 antenas GSM a más de 50.000. Aunque, en realidad, no sabemos la cifra exacta, ya que el Ministerio de Industria desconoce cuántos repetidores hay hoy en Espańa y las operadoras no dan información alguna al respecto.
Si no nos hemos enterado de todo esto es, tal vez, porque no se ven en los tejados más antenas, sino más cornisas, chimeneas, farolas, falsos aparatos de aire acondicionado, palmeras, pinos y todo tipo de árboles de plástico, que, junto con otros envases, sirven para ocultar los dispositivos radiantes. Los más pequeńos, llamados “picoantenas”, pueden esconderse en paredes y balcones, en una marquesina de publicidad, tras una seńal de tráfico... De todos modos, ya se han producido movilizaciones vecinales contra antenas ocultas en Madrid, Alcalá de Henares y Daganzo (Madrid), Guadalajara, Burlada y Tudela (Navarra), Zaragoza, Barcelona, Badalona (Barcelona), Murcia, Albacete, Almuńécar (Granada), Ronda y Benalmádena (Málaga), Mieres (Asturias), Getxo (Vizcaya), Salamanca, Garachico (Tenerife) y muchas otras localidades.

Burocracia municipal
El de la oposición vecinal no es el único problema al que se enfrentan los interesados en montar un repetidor. Según han reconocido directivos de Telefónica en alguna ocasión, el despliegue de las redes UMTS está yendo más lento de lo previsto debido al rechazo social y a la burocracia municipal, atascada casi siempre por falta de personal y porque ese personal tiene que lidiar con docenas de normas que afectan a la instalación de antenas. De hecho, el plazo medio desde que se solicita una licencia en Espańa hasta que se pone en marcha la infraestructura es de 18 meses, según datos de esa compańía, mientras que en otros países de la UE, ese plazo se reduce a cuatro y, en la mayoría, no supera los diez.
Pues bien, contra la burocracia también parece funcionar la estrategia del camuflaje. Es el caso del repetidor oculto de Telefónica instalado en un edificio de la propia compańía en el casco histórico de Garachico (Tenerife) y que, según un informe de la propia Policía Municipal, carece de todo permiso. Su alcalde, Ramón Miranda, ha declarado recientemente: “Estaré muy vigilante con estas actuaciones de la compańía porque, en anteriores ocasiones, ha habido precedentes de una actuación premeditada y con alevosía de la empresa por encima de la ley vigente.”
Un caso parecido es el de Tudela, un precioso pueblo de la Ribera de Navarra, cuyo ayuntamiento ha optado por aplicar el principio de precaución. Por eso, de momento, mantiene una moratoria a la colocación de nuevas antenas en el casco urbano hasta que se establezcan en el Plan General de Ordenación Urbana -en la actualidad, en proceso de elaboración- los lugares en los que se pueden colocar los emisores sin riesgos para la salud de la población.

Escondites elaborados
Buena parte de la moratoria se debe a la acertada presión de Ecologistas en Acción de la Ribera, que, con la inestimable colaboración de no pocos tudelanos, se dedica a cazar antenas ilegales. Hace unos meses, encontraron dos camufladas; la primera, en un tejado a 20 metros del ayuntamiento, en la peńa la Jota, que, al parecer, financiaba sus actividades lúdico-festivas con este curioso arrendamiento. La segunda se encontraba a 200 metros de los colegios Virgen de la Cabeza y Jesuitas y la guardería María Reina.
“Somos -explica, con humor, Rafael Sánchez, de Ecologistas en Acción-La Ribera- una especie de CSI buscando antenas camufladas, y lo bueno es que estamos consiguiendo mucha colaboración ciudadana. Cuando la gente ve que se está haciendo algo sospechoso, nos lo comenta y nosotros vamos con nuestro medidor, rastreamos la zona y, si nos aparecen picos de emisiones, empezamos a indagar dónde puede estar la estación.” Eso exactamente es lo que ha ocurrido con la última antena oculta descubierta, un repetidor de grandes dimensiones encajado en un hueco de aireación en cuya punta se veía una chimenea aparentemente normal. Según cuenta Rafael Sánchez, a los vecinos de la propia finca, que no sabían nada de esto, les extrańó unas conducciones de electricidad desproporcionadas para un edificio de viviendas y que un respiradero tuviese puerta en la azotea.
El camuflaje, sin embargo, no siempre es perfecto. Como los elementos mimetizadores tienen que ser ligeros para no entorpecer la emisión de ondas, no siempre resisten bien la intemperie. “Ha habido casos -explica Pedro Belmonte, especialista en esta clase de contaminación de Ecologistas en Acción Murcia- en que rachas de viento han volado el camuflaje de la chimenea y ha quedado el repetidor al descubierto, como ha ocurrido en un tejado de Murcia capital y otro, muy cerca de allí, en Nonduermas.”

Las excusas de los operadores
Esta revista ha intentado saber lo que opinan de todo esto las operadoras de telefonía, las principales beneficiadas de unas prácticas que les han permitido llenar de antenas las ciudades sin mayores sobresaltos y lo primero que llama la atención es que ellas nunca hablan de ocultar un peligro a la gente, sino de “reducir el impacto visual” de tanta antena elevándose en los tejados. En realidad, lo único que hemos obtenido de ellas o de sus asociaciones representativas es un texto redactado para la ocasión y que ha sido consensuado por Telefónica, Vodafone, Orange, Yoigo y el lobby de estas empresas, RedTel. Según el texto, “los operadores de telefonía móvil son conscientes desde hace tiempo de la importancia del impacto visual de sus instalaciones y de la necesidad de la integración de éstas en el entorno. La mimetización de las antenas no responde a querer ocultar nada a los ciudadanos, sino al compromiso de actualizar de manera progresiva las redes de telefonía móvil para adecuarlas a la realidad tecnológica más reciente, y con el objetivo de reducir el impacto visual e integrarlas de manera más efectiva en su entorno, manteniendo al tiempo los niveles de cobertura y calidad.”
“Como ha aumentado la percepción social del riesgo ligado a estas antenas -contesta Pedro Belmonte-, las empresas de telefonía venden el camuflaje con el lema de evitar los impactos visuales, pero es una manera de esconder la basura debajo de la alfombra para que no puedan surgir críticas o denuncias.” Toni Oller, ecologista en acción de Barcelona, vivió hace ańo y medio un hecho que pone en duda esa preocupación de las compańías por la “contaminación visual”. “En el barrio de Sant Antoni de Barcelona tuvimos movilizaciones vecinales en enero de 2007. Hubo hasta antidisturbios y en seguida se empezaron a tapar en la zona las antenas.”
En medio de esas movilizaciones, Oller entró con su medidor al ático donde vive el tío Toni, un personaje en este barrio porque ha sido palmero de Peret. Situada la vivienda al lado del edificio de Telefónica, justo debajo de una antena de más de 20 metros, se llegó a medir tres voltios por metro cuadrado en un lado de la cocina y en un bańo, 3,6; cuando la Convención de Salzburgo recomienda no superar los 0,6.

Detectives de radiaciones’
Con la mimetización de antenas, la oposición a los emisores de contaminación electromagnética, una de las principales movilizaciones locales de los últimos 15 ańos, ha entrado en una nueva fase, y quienes están al frente de esa lucha tienen que afinar su pericia para convertirse en verdaderos detectives de radiaciones. El geobiólogo Pedro Cores, especialista en evitar campos electromagnéticos, también se dedica de vez en cuando a cazar antenas camufladas. En el vídeo Zona de Sombra (visible gratuitamente en la web www.pradera.tv), podemos verle recorriendo las calles de Almuńécar (Granada) junto a un grupo de vecinos para localizar el origen de una potente seńal electromagnética. Armado con un pequeńo detector de seńales, puede verse cómo va aumentando la potencia a medida que se acercan a un sospechoso árbol y, al final, localiza la antena escondida en lo alto de ese árbol. “Hay unos árboles que nunca se riegan y que siempre están verdes”, bromea el geobiólogo. “Lo que están instalando ahora mucho son anuncios de publicidad con la antena dentro en calles y esquinas, a muy pocos metros del suelo”, advierte.
En ese mismo reportaje, realizado por el documentalista Pedro Barbadillo tras un azaroso periplo de imprevistos y censuras, el conocido experto Juan Manuel Román explica a los vecinos de Alcalá de Henares (Madrid) cómo manejar un medidor de radiofrecuencias o un localizador, aparatos que pueden comprarse hoy por entre 200 y 500 euros y que sirven perfectamente para encontrar antenas camufladas. “Lo más usual -explica- es el camuflaje bajo chimeneas, muy típico en hoteles, pero estamos encontrando antenas y picoantenas en bidones de agua, en forma de palmera, en marquesinas, alarmas... En Daganzo (Madrid), han instalado antenas de telefonía en torres eléctricas de 220.000 voltios, no muy lejos de viviendas habitadas, y son dos potentes radiaciones que se suman, la de la línea de alta tensión y las microondas de telefonía.”
Una buena ayuda para los que busquen información es la Guía para la localización de picoantenas en tu ciudad que ha editado la AVAATE (Asociación Vallisoletana de Afectados por Antenas de Telecomunicaciones) y que puede descargarse en www.avaate.org.

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